*Verónica Galicia Castro

En próximas fechas, los mexiquenses elegirán a quien será el próximo gobernador de la entidad más poblada del país. En el Estado de México viven cerca de 17 millones de personas y con ellos el clima de violencia, impunidad, corrupción y despojo, imperante en los 125 municipios que lo conforman.
Llegamos a un proceso electoral donde instituciones gubernamentales, partidos políticos y quienes los representan, tienen una enorme deuda con los millones de mexiquenses empobrecidos, con las víctimas y sus familias; con los desaparecidos; con las mujeres asesinadas; con las comunidades a las que se ha despojado de su tierra y de las que viven bajo la amenaza de ello, por parte del gobierno estatal y sus aliados: los empresarios.
A finales de enero de este año, inició el periodo electoral, campañas rebosantes de recursos públicos. Los partidos políticos en la entidad disponen, para esta elección, de poco más de 826 millones de pesos, directos del erario público; en una entidad donde el 49.60% de su población vive en situación de pobreza, según estimaciones del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social [CONEVAL], 2014.

FOTO: ACCIÓN CIUDADANA FRENTE A LA POBREZA
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En la contienda electoral participan Alfredo del Mazo [PRI-PVEM-PES-PANAL], Delfina Gómez [MORENA], Josefina Vázquez Mota [PAN], Juan Zepeda [PRD], Óscar González [PT] y los independientes: Isidro Pastor Medrano y María Teresa Castell, quienes en medio de las estadísticas de pobreza, desigualdad, marginación y violencia, centran su atención en el potencial de posibles votantes, dejando a un lado la problemática real y sistemática que vive el estado.  Con discursos y frases desgastadas, los candidatos recorren los municipios con la firme idea de conseguir la simpatía y voto de 11 millones 258 mil 125 mexiquenses, registrados en la lista nominal de electores 2017.
El dispendio de recursos utilizado en esta campaña resulta abrumador. El manejo de programas sociales, la entrega de tarjetas, despensas y otros beneficios, así como, la compra del voto, aunado al recurso de los municipios utilizado para dicho fin, como patrocinio directo al candidato oficial Alfredo del Mazo, convierten a ésta, en una Elección de Estado, donde los millones de mexiquenses nos encontramos en medio del fuego cruzado.
A pesar de que, el próximo 4 de junio, también habrá elecciones en Nayarit y Colima y municipios de Veracruz, el Estado de México concentra la atención por la representación estadística electoral  para los comicios del próximo año, además de ser la entidad donde gobernó el actual presidente Enrique Peña Nieto. El termómetro político del próximo relevo presidencial, representado por el Estado de México, ha puesto a andar la aceitada maquinaria priista, para no perder lo que durante más de 80 años ha considerado de su propiedad.
Ante la aplanadora electoral, encabezada por el PRI y sus aliados, diversas organizaciones, colectividades y personas de a pie, a través del Manifiesto del Estado de México «La voz de quienes resisten en la periferia se enciende», publicado el 10 de abril, a propósito del asesinato de Emiliano Zapata, han puesto el dedo en las heridas profundas de la periferia, el dedo sobre el dolor cotidiano que representa ser y estar en el Estado de México, pero también sobre la resistencia activa de quienes cuidan y protegen «el derecho a respirar, al trabajo, a la luz, la salud, la educación, el alimento; y especialmente, el derecho al agua y a la vida. »
Este Manifiesto reúne el dolor, la lucha, la ganas de construir y defender aquello que los gobiernos priistas, actualmente encabezados por el gobernador Eruviel Ávila, se han empeñado en minimizar y acabar. Es Mordor: el Estado de México, y nosotros sus peones; ante eso se alza la voz colectiva del «¡Ya basta!»
El próximo 4 de junio sabremos si el PRI sigue siendo el partido omnipotente y omnipresente, desplegado a lo largo y ancho de este país. Sabremos, si como sociedad somos capaces de remontar la carga histórica que nos han heredado partidos y políticos de todos los colores, la misma que ha envilecido y menoscabado la dignidad no sólo de mexiquenses, sino de los millones de mexicanos que habitamos esta geografía.
Es el momento de la organización comunitaria, los tiempos del accionar sin la carga que nos representa la corrupta clase política.
¿Los mexiquenses seremos capaces de ello?